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Cómo escribir una novela sin ahogarte en la trama (ni abandonar a la mitad)


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Escribir ficción tiene su magia… pero también su método.Y aunque la inspiración ayuda, lo que realmente te va a llevar hasta el final es tener una estructura clara y una idea concreta de hacia dónde va tu historia.

Si querés escribir una novela —ya sea romántica, policial, de aventuras o lo que sea— necesitás algo más que una buena idea: necesitás personajes sólidos, una trama con sentido y un conflicto que sostenga el interés hasta la última página.


5 pasos clave para arrancar tu novela (y no soltarla)


1. Definí la idea central

Preguntate:¿Qué quiero contar? ¿Cuál es el corazón de esta historia?No hace falta tener todo resuelto, pero sí una base clara. Por ejemplo:

Quiero escribir una novela de romance contemporáneo donde dos personas que se odian (o creen que se odian) terminan enamorándose.

Perfecto. Ya tenés el conflicto central: enemigos a amantes.


2. Creá tus personajes principales

Tu historia vive o muere por sus personajes.Dales personalidad, motivaciones, heridas del pasado, manías. Que no sean solo "el chico malo" y "la chica buena", dale capas.

Por ejemplo:

  • Ella: organizadora de eventos, controladora, con una regla de oro: no mezclar trabajo con romance.

  • Él: hermano del novio de su mejor amiga, despreocupado, sarcástico, la vuelve loca (literal y emocionalmente).


3. Armá el esqueleto de la trama

No hace falta que te pongas a escribir capítulo por capítulo, pero sí es clave tener un esquema general. Algo como:

  • Se conocen y se detestan (por un malentendido)

  • Se ven obligados a colaborar en algo (una boda, por ejemplo)

  • Empiezan a conocerse más allá de las primeras impresiones

  • Pasa algo que los une (una confesión, una crisis, una noche de tragos)

  • Se enamoran… pero algo los separa

  • Final con resolución (y besos, claro)


4. Ubicá bien el conflicto

El conflicto es lo que mantiene viva la historia. No tiene que ser una guerra mundial: puede ser una diferencia de valores, un miedo, una inseguridad, una historia previa mal cerrada.En el caso del romance "enemigos a amantes", el conflicto muchas veces es interno: el orgullo, los prejuicios, el miedo a confiar.

5. Pensá en el tono y la voz

¿Vas a escribir en primera persona? ¿En tercera? ¿Querés que sea graciosa, intensa, melancólica?Todo eso define cómo se va a sentir tu historia.Y lo más importante: que suene a vos. No imites a otros. Encontrá tu ritmo y tu forma de contar.


Mini ejemplo: Romance “enemigos a amantes”

Ella odia su forma de reír, su puntualidad inexistente, su manera de colarse en todas las conversaciones. Él la ve como una obsesiva insoportable que nunca baja la guardia. Pero cuando los ponen a trabajar juntos para organizar la boda del año, se dan cuenta de que, detrás del fastidio, hay algo más. Algo que da miedo, algo que no esperaban... algo que empieza con un roce de manos y sigue con un "¿te juro que no me caés tan mal como antes?".


¿Y cómo sigo?

Una vez que tenés estos puntos, lo ideal es sentarte y escribir aunque no tengas todo perfecto. La primera versión nunca es brillante. Lo importante es terminarla.

Después viene la reescritura, la edición, los lectores beta, la revisión final… pero todo eso pasa solo si te comprometés con la historia y te das el permiso de escribir mal hasta escribir mejor.


¿Querés ayuda para que tu novela no se te quede en un cajón?

En mis mentorías te ayudo a estructurar tu historia, a darle forma a tus personajes, a ordenar los conflictos y a que tu novela llegue a buen puerto. Nos ponemos una meta concreta: que termines tu historia y la tengas lista para mostrarle al mundo.


Mini ejemplo: Romance “enemigos a amantes”

Él llega tarde. Otra vez. Ella ya tiene todo listo para la reunión con los novios y lo mira con los brazos cruzados, como si pudiera matarlo con la mirada.

—¿Cinco minutos tarde o veinte? —le dice, sin siquiera saludar.

—Dieciocho. Pero traje medialunas.

Ella no sonríe, pero agarra una.Durante semanas se pasaron chocando, discutiendo cada detalle de la boda que tienen que organizar juntos. No coinciden en nada. Él quiere luces de colores; ella, blanco y dorado. Él improvisa; ella planifica.Pero ese jueves, en el medio del salón vacío, con los focos apenas encendidos y el olor a café en el aire, se quedan en silencio. Él la mira distinto. Ella baja la mirada.

—No sos tan insoportable cuando no hablás —murmura ella.

—Y vos no sos tan fría cuando no estás a la defensiva —le devuelve él, más cerca de lo que debería.

Silencio.Y esa tensión que no es odio. Nunca lo fue del todo.


 
 
 

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