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Corregí primero con humanos

Donde hay escritura, hay encuentro. No algoritmo.

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Abro la cámara y miro a los ojos a alguien que está al otro lado del país. Me sonríe, me pregunta cómo estoy y yo hago lo propio. Tiene una tonada en la que las palabras son versos de canciones, canta las sílabas que no llego a descrifrar bien cuáles son. Sin embargo, nuestra conversación se da mate de por medio, con ojos achinados de reír y otras veces un poco más para abajo de llorar. Me gusta acompañar a autores, me gusta esto de que somos solo dos humanos creando, contando historias.


Acompañar procesos de escritura es mucho más que corregir un texto: es leer con atención, con compromiso, con humanidad. En cada mentoría, lo veo una y otra vez: cuando dos personas se encuentran alrededor de una obra, se genera algo único, una energía sutil, viva, que no se reproduce con ningún sistema automático.


Como profesional de la escritura, he pasado años leyendo textos ajenos con la misma dedicación con la que reviso los propios. Y he confirmado algo que la tecnología todavía no puede replicar: el impacto emocional, cognitivo y creativo de una devolución personalizada.


Claro que valoro profundamente las herramientas de inteligencia artificial. Son colaboradoras eficaces: nos ahorran tiempo, nos dan nuevas miradas, incluso nos inspiran. Como ocurre ahora mismo en este diálogo. Pero hay algo que ninguna IA puede ofrecer: una escucha atenta, una pregunta inesperada, una pausa compartida, una intuición que no se explica pero orienta.


Una mentoría, una corrección profesional, no es solo una instancia técnica: es un encuentro. Y ahí se produce lo que para mí es esencial en este oficio: una apertura.Una apertura del texto, sí, pero también del pensamiento, de la emoción, de las posibilidades que la autora o el autor quizás no había considerado.


En ese espacio uno-a-uno, se dan preguntas que movilizan. Dudas que abren. Lecturas que desafían sin imponer.Y eso es lo que intento cuidar en cada proceso: una mirada aguda, sí, pero también empática, cercana. Como un buen mate entre colegas, incluso si es virtual.


Además, un reciente estudio del MIT (búsquenlo tranquilos que no estoy chamuyando) advierte que el uso excesivo de inteligencia artificial en tareas cognitivas puede disminuir la diversidad de ideas y limitar la toma de decisiones creativa. Es decir: cuanto más delegamos en las máquinas, más corremos el riesgo de homogeneizar nuestra voz. La escritura necesita fricción, matiz, duda, intuición. Y todo eso sigue siendo profundamente humano.


Por eso lo digo con firmeza: Corregí primero con humanos.Porque una obra no necesita solo corrección: necesita ser mirada, leída, sentida.

Después —si querés— revisás con IA.


Sobre mí

Soy Dámaris Pettersson, editora, correctora y mentora de escritura con más de 11 años de experiencia acompañando a autores en sus procesos creativos. Trabajo de forma cercana, intuitiva y profesional para que cada texto llegue a su mejor versión sin perder su voz original. Me especializo en edición literaria y de no ficción (académica y de divulgación). Coordino talleres y desarrollo procesos uno a uno que combinan análisis técnico con sensibilidad literaria.

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