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Nadie escribe solo

Actualizado: 1 jul


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“Nadie se salva solo”. — El Eternauta


Y si eso es cierto, también es cierto que nadie escribe solo.

La imagen del escritor o escritora encerrado, iluminado por una idea brillante, es romántica pero falsa. Escribir es más bien un proceso largo, confuso, a veces torpe, muchas veces solitario… pero nunca del todo solitario. Siempre hay una red invisible que sostiene: libros leídos, voces escuchadas, personas que leen y dan su tiempo, su mirada, su fe.


Pero hay algo más: muchas veces lo que nos frena no es la falta de ideas, sino el miedo. Miedo a no estar a la altura. Miedo a no decirlo bien. Miedo a que no se entienda. Miedo a que se entienda demasiado.

Y encima, le sumamos una trampa: creer que lo primero que sale ya debería estar bien. Como si escribir fuera sacar algo perfecto desde el inicio.Como si un borrador no tuviera derecho a ser un borrador.


Lo veo una y otra vez en las personas que acompaño en mentorías:gente con sensibilidad, con ideas fuertes, con historias potentes, que se paraliza porque juzga su primer versión como si fuera la definitiva.


Pero escribir es reescribir.Y escribir bien es permitirse escribir mal al principio.

Por eso acompaño. No para “corregir” ni “mejorar” desde afuera, sino para que quienes escriben puedan desplegar lo que ya está en potencia. Para que se animen a equivocarse, a probar, a encontrar su tono, su ritmo, su verdad.Para que entiendan que escribir no es demostrar nada, sino conectar.


A veces todo lo que necesitamos para avanzar es alguien que nos escuche, que nos pregunte, que nos diga: “esto vale, seguí por acá”.

Nadie se salva solo. Nadie escribe solo. Y mucho menos cuando se escribe de verdad.


Si estás escribiendo —o querés empezar— y sentís que te vendría bien una guía, una mirada externa, una presencia que acompañe, escribime.Trabajo uno a uno en mentorías personalizadas de escritura. Porque tu voz importa. Y no tenés que buscarla en soledad.

 
 
 

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